Como país invitado de honor, Panamá tendrá una presencia destacada en esta edición de la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2026, con una variada agenda que reunirá literatura, música, danza, teatro y otras manifestaciones de su rica identidad cultural. Una programación concebida para acercar al público dominicano a la diversidad y al patrimonio de esa hermana nación ubicada en Centroamérica.

Por María Mercedes

Hay países que se conocen por sus paisajes, otros por sus monumentos y algunos por la fuerza de sus tradiciones. Panamá puede conocerse de todas esas maneras, pero también puede descubrirse a través de sus libros.

En la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, que se celebra en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, las fronteras adquieren otra dimensión. Los países llegan representados por sus escritores, sus historias, sus voces y sus expresiones culturales. Y cuando Panamá ocupa el lugar de invitado de honor, el encuentro literario se transforma en una invitación a descubrir un territorio cuya riqueza trasciende su emblemático Canal, esa extraordinaria vía interoceánica que conecta los océanos Atlántico y Pacífico y que ha convertido a Panamá en un punto de encuentro entre mundos.

Entre libros, conversaciones y encuentros con autores, aparece otro Panamá: el de la memoria, la diversidad, la historia y las tradiciones. Un país que puede ser leído antes de ser visitado y que encuentra en la literatura una extraordinaria herramienta para promover el turismo cultural.

Viajar no siempre comienza en un aeropuerto; muchas veces comienza en una página. Por eso, durante la inauguración de la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo, destacó el valor de la lectura como herramienta para desarrollar el pensamiento crítico y construir una mirada propia, al tiempo que resaltó la importancia de las ferias del libro como espacios de encuentro entre autores, lectores y culturas.

Esa visión adquiere una dimensión especial en esta edición de la Feria, que tiene a Panamá como país invitado de honor y al poeta y ensayista José Mármol como autor homenajeado, dos presencias que ponen de relieve el poder de la literatura para tender puentes entre culturas, generaciones y territorios.

Una novela puede despertar la curiosidad por una ciudad. Un relato histórico puede llevar al lector a buscar las huellas de un acontecimiento. Un libro de fotografías puede transformar un paisaje desconocido en un lugar que se desea conocer. Y un escritor puede convertirse, sin proponérselo, en guía de un territorio.

Pero en esta edición de la Feria del Libro, Panamá propone algo más: que el visitante no solamente lea sus historias, sino que pueda escucharlas, contemplarlas y sentirlas a través de distintas expresiones artísticas.

Un pabellón para descubrir Panamá

La experiencia comienza dentro de la propia Plaza de la Cultura, donde Panamá cuenta con un pabellón concebido como uno de los espacios centrales de su participación como país invitado de honor.

El viceministro de Cultura, Pastor de Moya; el ministro de Cultura, Roberto Ángel Salcedo; la vicepresidenta de la República, Raquel Peña; José Mármol, embajadora panameña en Santo Domingo, Yira Elena Ramonet García, y Roberto Salcedo en el corte de la cinta que dejó inaugurada la FILSD 2026. Fuente externa 

El recinto fue inaugurado con la presencia de la embajadora de Panamá en la República Dominicana, Yira Ramonet, junto a representantes de las autoridades culturales de ambos países. La apertura estuvo acompañada por una muestra del folclore y las tradiciones panameñas, como una primera invitación a entrar en contacto con la identidad de una nación que durante estos días se presenta ante el público dominicano a través de su literatura, su historia y sus diversas manifestaciones culturales.

El pabellón propone, de esta manera, una experiencia que va más allá de la exhibición de libros. Allí, el visitante puede aproximarse a la historia y las tradiciones de Panamá mediante recursos audiovisuales, elementos vinculados con sus atuendos tradicionales y propuestas relacionadas con su gastronomía y cultura.

Panamá también se presenta sobre los escenarios

La presencia panameña trasciende las páginas para instalarse también sobre los escenarios. Desde el acto inaugural, la delegación de Panamá dejó sentir la riqueza de su propuesta artística y cultural, con una presentación de su cuerpo de baile que sirvió como anticipo de la variada agenda que el país invitado de honor ha preparado para esta edición de la Feria.

El Ballet Nacional de Panamá presenta El lago de los cisnes en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional, llevando al público dominicano una de las grandes obras del repertorio de la danza clásica. La programación contempla una gala el viernes 25 de septiembre, a las 7:00 de la noche, y otra presentación el sábado 26, a las 4:00 de la tarde.

La danza, en este contexto, se convierte también en una forma de narrar un país. Aunque El lago de los cisnes pertenece al repertorio universal, su presencia dentro de la programación panameña contribuye a mostrar la dimensión artística de una nación que llega a la feria no solamente con escritores, sino también con sus compañías y creadores.

La escena teatral ofrece otra puerta de entrada a la identidad panameña. La Compañía de Teatro de Panamá presenta La ciudad de piedra, una obra de teatro musical vinculada con la historia del país. La pieza está programada en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional el martes 29 de septiembre, a las 6:00 de la tarde, y nuevamente el miércoles 30 de septiembre, a las 11:00 de la mañana.

Así, el vínculo con el turismo cultural resulta particularmente evidente: la historia se transforma en espectáculo y el escenario se convierte en un espacio desde el cual el público puede aproximarse a la memoria de Panamá.

En su agenda artística, la música tendrá también un momento especial. El sábado 3 de octubre, a las 6:00 de la tarde, la Sala Carlos Piantini recibirá a la Orquesta Sinfónica Nacional de Panamá, en una presentación que forma parte de la programación cultural del país invitado de honor.

Será, de alguna manera, otro viaje dentro del viaje. Después de recorrer Panamá mediante sus escritores y sus historias, el público podrá acercarse a su identidad a través de la música.

Panamá tiene muchas historias capaces de provocar ese recorrido. Su condición de puente entre mares y continentes ha marcado profundamente su identidad. Durante siglos, su territorio ha sido escenario de intercambios, migraciones y encuentros culturales. Esa condición de país de tránsito terminó convirtiéndose también en una característica esencial de su identidad.

El Canal de Panamá es la expresión más conocida de esa vocación de conectar mundos. Pero detrás de esa monumental obra de ingeniería existe un universo cultural mucho más amplio: ciudades históricas, comunidades, pueblos originarios, música, gastronomía, arquitectura, tradiciones y formas de vida que cuentan la historia de un país diverso.

El turismo cultural encuentra en el libro un aliado natural

Afiche de la Feria del Libro Santo Domingo 2026 dedicada a Panamá.

La Feria del Libro ofrece la posibilidad de acercarse a esa diversidad sin reducirla a una imagen turística convencional. Panamá no se presenta únicamente como un destino para contemplar, sino como una cultura para comprender.

El Casco Antiguo de la ciudad de Panamá, por ejemplo, puede ser visto como un conjunto de calles y edificios históricos. Pero cuando esas calles son acompañadas por las historias de quienes las habitaron, adquieren otra dimensión. El patrimonio deja de ser solamente arquitectura y se convierte en memoria.

Lo mismo ocurre con lugares como Portobelo, con su herencia histórica y caribeña, o con las comunidades indígenas, donde las tradiciones continúan formando parte de la vida cotidiana. Cada sitio tiene algo que contar, y la literatura ayuda a ponerle palabras a esa memoria. En ese sentido, el turismo cultural encuentra en el libro un aliado natural.

El visitante busca cada vez más experiencias que le permitan acercarse a la identidad de los lugares que visita. No basta con observar un monumento: interesa conocer su significado. No basta con probar un plato: se quiere saber de dónde viene, quién lo prepara y qué historia contiene. No basta con fotografiar un paisaje: se quiere comprender qué representa para quienes viven allí.

Por eso, la presencia de Panamá en la Feria del Libro adquiere una dimensión particularmente interesante. El país no se limita a presentar libros: presenta una experiencia cultural integral.

El lector puede acercarse a un escritor; el espectador puede descubrir una historia sobre el escenario; el amante de la música puede encontrarse con una orquesta; quien disfruta de la danza puede contemplar una compañía nacional; y quien siente curiosidad por la gastronomía puede acercarse a los sabores de Panamá.

Así, la cultura comienza a funcionar como un mapa. Un mapa que no solamente señala lugares, sino que explica su significado.

Entre los pasillos de la feria, el visitante puede comenzar un recorrido imaginario. Una conversación sobre literatura puede llevarlo a una ciudad. Una presentación editorial puede despertar interés por la historia. Una obra teatral puede provocar curiosidad por un episodio del pasado. Una melodía puede evocar un paisaje que todavía no se conoce.

La relación entre literatura y turismo cultural tiene, además, un valor especial porque coloca a las comunidades y a sus historias en el centro de la experiencia. El turismo deja de ser únicamente desplazamiento y consumo para convertirse en encuentro, conocimiento y valoración del patrimonio.

Y cuando la última página se cierra, queda abierta otra posibilidad: hacer las maletas, cruzar el puente y descubrir que aquel país que conocimos entre letras tiene calles, sabores, paisajes, voces y personas esperando ser descubiertos.

Panamá, en esta Feria del Libro, que se extenderá hasta el domingo 4 de octubre, demuestra así que la cultura también puede ser una forma de viajar. Porque, al final, el primer destino de un viaje no siempre aparece en un mapa; muchas veces aparece en las páginas de un libro.

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